jueves, 5 de noviembre de 2009

Realidades artificiales



Desde hace un par de semanas que está en cartelera una nueva película de ciencia ficción con actores famosos y montones de efectos especiales. La cinta ha sido hecha trizas por la crítica y no ha terminado de gustarle al público, pero la premisa que este filme presenta bien vale la pena ser analizada, pues la ciencia ficción, a pesar de que parece hablar únicamente de viajes interestelares, fantasiosos futuros y marcianitos, en realidad siempre habla de lo mismo: de nosotros.

La película que mencionamos anteriormente toma lugar en un futuro donde la humanidad entera decide quedarse en casa, y utiliza androides manejados a control remoto para trabajar, divertirse y realizar todos sus quehaceres. En cierta medida, es algo que muchos experimentamos hoy en día. Casi todo el contacto que uno tiene en la actualidad con el resto de la humanidad es por medio de tecnologías como los teléfonos, los correos electrónicos, la mensajería instantánea y las redes sociales. A este paso llegaremos a ser una sociedad sin contacto humano real. ¿La verdad? Sería maravilloso.

Lo terrible de la realidad es eso, precisamente: que es real y se presenta sin filtros de ninguna clase. Esto no suele ser problema cuando se está bien descansado, bien peinado, con el aliento fresco y se tienen a la mano atuendos de moda. Pero si por mala suerte nos ha salido un grano en la nariz, tenemos los ojos rojos por dos días de insomnio y la única camisa limpia disponible es la que no combina con el resto de la indumentaria, entonces las únicas alternativas disponibles son quedarse en casa fingiendo un resfriado o bien armarse de valor y salir al mundo tal cual a enfrentar el oprobio de los demás.

La cosa sería diferente si todos contáramos con maniquíes hechos a nuestra efigie y pudiéramos mandarlos en nuestro lugar. Si tales aparatos existieran, Podríamos levantarnos media hora antes de ir a trabajar con la mayor tranquilidad, encender al autómata y mandarlo a la calle. Mientras el armatoste está metido en el tráfico, nosotros podríamos desayunar como Dios manda: sabroso y sin prisas. Si algo nos saliera mal en el trabajo, podríamos desconectar el audio mientras el jefe regaña a nuestro maniquí, evitándonos así cualquier magulladura en nuestro delicado ego. También podríamos conectar al robot a una grabadora de video y así no perdernos ni un detalle de esa conferencia tediosa a la cual nos obligaron a asistir. Al final del día, frescos como una lechuga luego de evitarnos todos los riesgos, frustraciones y vejámenes de la vida diaria, podríamos aparcar al robot y dedicarnos tranquilamente a nuestros pasatiempos favoritos.

Y a todas estas ventajas, le podemos agregar otros factores: ahorraríamos un dineral en vestuario, porque los robots no cambian de talla. Tampoco sudan, así que no habría que lavar la ropa con tanta frecuencia. Para las damas, ya no sería necesario dedicar tres horas al día para plancharse y peinarse el cabello. Podríamos salir a la calle sin tener que preocuparnos de microbios ni áreas insalubres. Tampoco nos veríamos forzados a sufrir los agresivos olores que abundan por todas partes.

Lamentablemente, todavía faltan muchos años para que estos seres mecánicos sean una realidad. Hasta entonces, deberemos seguir saliendo a la calle a encarar a todos las individuos que se nos pongan enfrente, escuchando mil y una sandeces, mientras nos preocupamos de la violencia y de nuestra apariencia personal. Seguiremos obligados a seguir experimentando la vida tal y como lo hace toda la gente, lo cual me parece absolutamente inhumano.

3 comentarios:

Julio dijo...

Con que pueda trabajar en línea sin salir de casa.

Mariana Stallen-Krug dijo...

Yo sería feliz con esa tecnología, pues me ahorraría la pesadilla indescriptible de los baños públicos.

Susana Volta dijo...

Creo que ya se cual película es a la que te refieres... la nueva de Bruce Willis... creo que el mejor efecto especial fue hacer que ese hombre tuviera pelo de nuevo... jijiji

Por si no los han leído:

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