miércoles, 17 de junio de 2009

¡Por mis barbas!

Mi madre me detesta. Bueno, en realidad aborrece una parte de mi ser. En específico, el área que se extiende abajo de mi nariz y arriba de mi manzana de Adán. Y no aborrece esa área de mi cara en sí, sino que odia que dicha sección esté poblada por una pelambre frondosa y exhuberante.


(Foto: village9991)

Probablemente se deba a que ella me conoció durante los 13 largos años en los que permanecí sin vello facial alguno. Luego mi testosterona empezó a manifestarse en forma de una muy varonil voz, un crecimiento óseo y muscular exponencial, ...y un bigote de lo más bochornoso. Mi tia Magda tenía más pelos que yo en ese entonces. Así que empecé a rasurarme religiosamente a partir de ese día. Pero no era feliz. Soñaba con una barba lujuriosa y larga, que fuera la envidia de cualquier pirata. Pero eso todavía no había de ser.

No fue sino hasta un par de años después de haber alcanzado la mayoría de edad que mi barbilla empezó a oscurecerse indicando la presencia de pelos bajo la epidermis. En un acto de libertinaje, dejé mi mentón desatendido durante casi cuatro meses hasta que se pobló de una barba un tanto dispareja, pero barba al fin.

Esta fue la primera vez que mi madre usó su ingenio para privarme de mi barba. Cuando sus ruegos y reclamos fracasaron, procedió a chantajeándome con conseguirme mi primera computadora a cambio de que mantuviera mi cara sans pelos. La codicia pudo más que mis principios y cedí. Tuvieron que pasar cinco años más para que volviera a intentar algo parecido.

Fue en mi primer viaje largo sin mis padres que me atreví a dejar de rasurarme una vez más y durante tres semanas mi cara se llenó de pelos. Cuando mi madre vio la frondosidad de mi mentón, tuvo que admitir la derrota. Desde entonces, mi barba me acompaña, oscura e hirsuta, como una proclamación indiscutible de mi masculinidad. De vez en cuando, en un acto de vandalismo, deforesto mi mandíbula, para gozo materno. Pero el hastío de los rastrillos y las rasuradoras me vence al poco tiempo y con tristeza, mi madre ve resurgir a su enemiga, como el ave fénix, poderosa e invencible.

2 comentarios:

Regislinda dijo...

XD me encantó tu artículo, estuve super entretenida leyendolo, te felicito, es muy bueno. Siempre me pregunté las razones por las que dejabas la barba (cual pirata jajajaja) me gustó tu argumento.

Care_B dijo...

wajajajaj!me encanto la parte de "una barba lujuriosa y larga" jajajajaja buen post y comparto ese sentimiento jajaja

Por si no los han leído:

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