domingo, 11 de julio de 2010

Los laureles son pésimo colchón

(Foto: Andre Bernardo)

El despertar vino en la forma de un dolor agudo entre mis costillas. Cuando abrí los ojos, Leandro todavía tenía en la mano el paraguas con el que me había pinchado.

-“Vaya, no estabas muerto.”, dijo con una sonrisa. 
-“De que hablas?”
-“Estábamos preocupados por ti. Luego de escribir frenéticamente durante cuatro meses y publicar hasta cuatro artículos por semana, de repente, nada. Pensábamos que te había dado un derrame o algo."
-"¿Pensábamos? ¿Quienes?"
-"Tus lectores."
-"¿Mis lectores? Vamos, los mencionas como si fueran un club o algo."
-"Lo somos. Nos reunimos todos los jueves a tomar café y a comentar tus artículos. No siempre podemos llegar, pero tratamos de asistir la mayor cantidad de veces posible. Por cierto que esta semana me toca a mí elegir el lugar de reunión."
-"Nunca había oído yo de que existiera tal cosa. Pero, y si ustedes se reúnen para discutir mis escritos, no merecería yo ser invitado?"
-"Pues la verdad es que ahora no mereces muchas cosas, después de la forma en la que nos has abandonado."
-"Pero que exageración! Pero si apenas han sido tres o cuatro días de no escribir."
-"Han sido tres semanas. Y antes de eso, fueron otras tres semanas. En total, mes y medio sin nuevos textos. Ese nivel de holgazanería es inaceptable."
-"Vamos, que esto de escribir es algo orgánico, requiere de utilizar la creatividad, de asociar ideas, no se puede hacer como si fuera algo mecánico. La inspiración no surge todos los días."
-"Georges Simenon no tenía ese problema. A él lo encontrabas escribiendo día tras día, sin importar la resaca que tuviera de la parranda del día anterior."
-"Simenon no cuenta. El otro día leí un artículo que decía que él en realidad era un androide construido por el gobierno francés."
-"No voy a dignar responder tamaño disparate. Yo estoy aquí para decirte que estamos hartos. Si sigues igual, vamos a tener que desbandar el Club y empezar a leer otros blogs."
-"¡Esto es un chantaje!"
-"No, no lo es. En realidad, esto ya está pasando. Justo ayer una de las fundadoras del club confesó que dejaría de llegar a nuestras reuniones pues había empezado a leer las apasionantes historias de una niña de 15 años que da clases de maquillaje. Yo mismo me he encontrado leyendo las historias que publica un contador público que trata de ser dramaturgo."
-"¿Qué? ¿Et tu, Leandro?"
-"¿Qué puedo decirte? El hombre escribe muy bien. Su más reciente obra trata de Núñez Pereira, un escritor que está a punto de perderlo todo cuando se descubre que ha desfalcado al fisco por años. Pero entonces aparece el protagonista, que tiene una solución inesperada que tiene que ver con el Formulario 1564-E de Declaraciones Patrimoniales…"
-"Perdona, ¿el protagonista es un contador?"
-"Todos sus protagonistas son contadores."
-"No se diga más. Reúne al Club, ofréceles mis disculpas por el abandono y dile a todos que antes de que termine el día tendrán un nuevo artículo para su lectura."
-"En serio, ¿lo harás?"
-"Lo juro por la madre de Tom Wolfe."

Luego de que Leandro se hubo ido, encendí la computadora y me dispuse a escribir el artículo prometido. Tan sólo necesitaba hacer algo antes. Revisé el sitio que me había recomendado mi amigo y confirmé mis sospechas. Me urge encontrar un nuevo contador, de preferencia uno que no se sintiera en libertad de divulgar mis parabienes contables en sus creaciones dramatúrgicas. Si ustedes saben de alguno, avísenme por favor.

2 comentarios:

Prado dijo...

Soberbio. No conozco contadores, los que sé cómo se llaman, están presos.

Regislinda dijo...

Buenisimo XD! ya decía yo que los reclamos no habian sido sólo por tu servidora, pero que manera de escribirlo, me encantó en particular este es genial (y con muy buen humor)

Por si no los han leído:

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