lunes, 25 de enero de 2010

Adiós, inocencia, adiós


(Foto: Michael Blann)

La inocencia, ese delicado aspecto de la experiencia humana, está extinta o a punto de estarlo. Hace tiempo, esto era impensable. La gente valoraba la inocencia sobre todo, y llegó a ser un rasgo tan bien cotizado que algunos Sumos Pontífices la usaron para nombrarse a sí mismos. Inclusive, llegó a tener un día al año dedicado exclusivamente a ella y a quienes la practican.

Pero luego vino el declive, y la inocencia se ha batido en retirada. Es por ello que hoy en día no se encuentran inocentes ni para remedio. Ya ni siquiera los hay en la provincia, famoso origen de notorios inocentes. Los culpables: la radio, la televisión y el Internet satelital, que son como insecticida para la inocencia.

Todavía contamos con los niños como nuestra última fuente de inocencia, pero cada vez la inocencia se les acaba con más celeridad. Antes no era nada raro que la inocencia les durara años enteros, décadas inclusive. Hace cincuenta años todavía encontraba uno cándidos jóvenes que llegaban a la luna de miel sin tener la menor idea de lo que les correspondía hacer y que al final optaban por irse a dormir temprano para no desvelarse.

Pero en la actualidad, uno tiene suerte si logra encontrar inocencia en un infante de más de seis semanas de edad. Antes del año, los niños de hoy ya están pidiendo licor en sus biberones. A los dos años quieren televisión con cable para ver programas para adultos. A los cuatro años es frecuente que se lleven el carro de los padres para dar una vuelta con amigas del prekinder. A los seis años tienen su primera sobredosis. A los siete, son clientes VIP en los casinos. A los nueve es habitual que amanezcan en hoteles de paso sin la menor de idea de cómo llegaron allí, o quien es la persona que está cantando en el baño. A los 12, ya han pasado un par de temporadas en clínicas de desintoxicación y tienen comprometida la mesada para pagar pensiones alimenticias de dos niños. A los quince, ya son diputados.

Comprensiblemente, muchos padres de familia quisieran que sus hijos fueran menos despiertos, pero esto no sólo es difícil de lograr, sino contraproducente. Un inocente cree todo lo que le dicen y carece de necesarios mecanismos de defensa como el sarcasmo, la ironía, la hipocresía, la falsedad, y la mentira. ¿Cómo va a sobrevivir alguien así hoy en día? Su computadora estaría llena de virus porque nunca dudaría al abrir un correo de origen desconocido. Su casa estaría llena de cualquier trasto que le ofrecieran los telemercaderes. Si alguien lo llamara diciéndole que acababa de ganar un premio y que lo único que tenía que hacer para cobrarlo sería dar su nombre completo, su número del documento de identidad, sus números de tarjetas de crédito y el código de su cuenta bancaria, daría esos datos de muy buena gana.

Sin embargo, me cuento entre los nostálgicos que esperan el día que la inocencia regrese de su largo exilio, y se vuelva a poner de moda. Y es que ese día, al fin podré descansar. Después de todo, ser pícaro es agotador.

4 comentarios:

Rachel Macadamia dijo...

Al final, lo que la sociedad llama inocencia tan sólo es ignorancia crasa unida a una falta de criterio.

Regislinda dijo...

El problema de ser un pícaro es que aplicas eso de "el león juzga por su condición" y por eso crees que ya desapareció, veo confudis inocencia con maliciosidad, yo si creo que todavía hay inocencia dentro de nosotros, sólo que frente a vos uno tiende a responder del mismo modo que vos lo haces para no quedarse atrás y caer por inocente ;)

Natalia Hassell dijo...

¿Regislinda, como así que se confunden la inocencia con la maliciosidad? Porque yo vi que eran colocadas en lados opuestos del espectro.

Muy bueno el artículo, es cierto que la inocencia ya es muy rara de encontrar. Pero creo que no está tan extinta. Después de todo, yo he visto gente adulta que todavía cree en los políticos.

Manatí Atómico dijo...

Despues de leer tu artículo, pensé en los niños cuyos padres demandaron a Michael Jackson.

Digo, todo el mundo pierde la inocencia, pero a la mayoría no nos dan 22 millones de dólares por ello.

Por si no los han leído:

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