viernes, 30 de abril de 2010

Diferentes, pero semejantes

(Foto: Stone)

Si bien hombres y mujeres pertenecen a la misma especie, frecuentemente cuesta creerlo. Cada uno vive la vida con intereses diametralmente opuestos, lo que frecuentemente puede hacer muy difícil la comunicación entre los sexos. Difícil, pero no imposible. Tan sólo hay que hablarle a cada uno en términos que entiendan. Por eso es que en esta oportunidad les presentamos dos versiones del mismo artículo, escritas para que cada sexo pueda entenderlo a cabalidad.

Haga clic en una de las dos versiones del artículo para continuar:

(versión para caballeros)      (versión para damas)





Versión para caballeros

Para las damas, pocas cosas hay que sean tan satisfactorias como la adquisición de ropas. Semana tras semana, nuevos artículos se agregan a sus abultadas colecciones, que amenazan con desbordar los roperos en una avalancha de trajes, blusas y zapatos.

Que las mujeres tengan más ropas que los hombres no es sorprendente ni reprochable, pues esto obedece a convenciones sociales ancestrales. Pero eso por sí solo no basta para explicar la dicha que el proceso de adquisición de vestuario produce en las féminas.

Desde que ponen un pie en la tienda, la presión arterial les sube a tiempo que el ritmo cardíaco se acelera. Sus pupilas se dilatan al ver hilera tras hilera de blusas y pantalones. La adrenalina se les dispara al ver que todo tiene el 5% de descuento. La temperatura se les sube al probarse una prenda tras otra. Sus terminaciones nerviosas se ven bañadas en oxitocina mientras la vendedora pasa su tarjeta de crédito en la caja registradora. Finalmente salen de la tienda con su compra en la bolsa y una enorme sonrisa en el rostro.

Cómo una mujer puede emocionarse tanto por una prenda de vestir es algo incomprensible para un hombre, para quien una falda es una falda y una blusa es (oh sorpresa) una blusa. Pero de que pasa, pasa y los científicos todavía no se ponen de acuerdo del porqué de este fenómeno. Puede que tenga que ver con un manejo de ansiedades producidas por el estrés. Hay quienes piensan que es una consecuencia de nuestra cultura del consumismo. Pero no cabe duda que el proceso de compra alimenta ilusiones sobre lo que la compradora desea ser y hacer con su vida. Probarse un atuendo tras otro les permite -por un precioso momento de escapismo- imaginar cómo serían sus vidas si les fuera posible comprarlo todo. Por ello es que entrar a una tienda puede ser tan emocionante, aun cuando se salga sin haber comprado nada.

Pero hombres y mujeres son más parecidos de lo que uno se imagina. A veces, sólo es cuestión de variar un poco los términos para que todos estemos hablando el mismo idioma. Y si no nos cree, le invitamos a leer la otra versión de este artículo.



Versión para mujeres

Para los caballeros, pocas cosas hay que sean tan satisfactorias como la adquisición de artículos electrónicos. Semana tras semana, nuevos aparatos se agregan a sus abultadas colecciones, que amenazan con desbordar los armarios en una avalancha de discos portátiles USB, DVDs y tarjetas de memoria.

Que los hombres tengan más televisiones que las mujeres no es sorprendente ni reprochable, pues esto obedece a convenciones sociales ancestrales. Pero eso por sí solo no basta para explicar la dicha que el proceso de adquisición aparatos produce en los caballeros.

Desde que ponen un pie en la tienda, la presión arterial les sube a tiempo que el ritmo cardíaco se acelera. Sus pupilas se dilatan al ver hilera tras hilera de laptops y cámaras digitales. La adrenalina se les dispara al ver que todo tiene el 5% de descuento. La temperatura se les sube al probar un modelo tras otro. Sus terminaciones nerviosas se ven bañadas en oxitocina mientras la vendedora pasa su tarjeta de crédito en la caja registradora. Finalmente salen de la tienda con su compra en la bolsa y una enorme sonrisa en el rostro.

Cómo un hombre puede emocionarse tanto por una artilugio electrónico es algo incomprensible para una mujer, para quien una cámara es una cámara y un disco duro es (oh sorpresa) un disco duro. Pero de que pasa, pasa y los científicos todavía no se ponen de acuerdo del porqué de este fenómeno. Puede que tenga que ver con un manejo de ansiedades producidas por el estrés. Hay quienes piensan que es una consecuencia de nuestra cultura del consumismo. Pero no cabe duda que el proceso de compra alimenta ilusiones sobre lo que el comprador desea ser y hacer con su vida. Probar cámaras y reproductores de Blu Ray les permite -por un precioso momento de escapismo- imaginar cómo serían sus vidas si les fuera posible comprarlo todo. Por ello es que entrar a una tienda puede ser tan emocionante, aun cuando se salga sin haber comprado nada.

Pero hombres y mujeres son más parecidos de lo que uno se imagina. A veces, sólo es cuestión de variar un poco los términos para que todos estemos hablando el mismo idioma. Y si no nos cree, le invitamos a leer la otra versión de este artículo.

6 comentarios:

Susana Volta dijo...

Este si que fue un artículo diferente, personalizado para cada gusto, jajaja.

Esteban Trabahos dijo...

Aquí si que hay algo para todos!!

RodrigoPoloDOTcom dijo...

Justamente he platicado de este tema hacienda chiste de como hombres y mujeres enloquecemos de igual manera con cosas diferentes, no cabe duda que a la mujer le gustan las cosas del hogar y la familia y al hombre las cosas funcionales, tecnológicas y mecánicas, obviamente cada uno prefiere esto instintivamente para ser un macho o hembra alfa mejor.

Muy buena compadre, mil puntos.

monikgtr dijo...

Haha! no sé por qué pero cada vez que leo un artículo o libro sobre estereotipos hombre/mujer me siento tan desubicada xD En esta ocasión difiero del sentimiento general en las mujeres de la adoración por la ropa, yo prefiero aparatos eléctricos xD aunque no niego que me guste comprarme algo de ropa de vez en cuando :P

Prado dijo...

esto no explica los transexuales. Puede hacerse un anexo. Inclúyase a los que gustan de frutas y verduras, cómo se llaman? ah, los vegetarianos.

Lafán dijo...

Excelente el juego de perspectivas. Me reí mucho mientras brincaba sobre cajas y aparatos (en el cuarto de mi hijo) y sobre volcanes de ropa (en el de mi hija). Ah, la vida...

Por si no los han leído:

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