jueves, 20 de agosto de 2009

¡Riiiing!



-¿Aló? ¿Con mi abuelita? Un momento por favor…
¡¡ABUE!! ¡¡TELÉFONO!!!


Conforme la querida abuelita de Leandro acumula años, su ritmo de vida ha ido desacelerándose. Esto es natural para cualquier venerable persona que se aproxime a la noventena, como ella lo hace. Por lo tanto, menesteres cotidianos como contestar el teléfono se convierten en todo un ritual.

ABUEEEEEEEEEEEEEE!!!!!!!!
TELÉFONOOOOOOOOOOOO!!!


Como cargar con casi 90 años encima no es cualquier cosa, los pasos de la señora son muy mesurados y por lo mismo, cada vez se tarda más en llegar al teléfono. Esto ha convertido a Leandro en su recepcionista telefónico de facto. Por lo general, sus tareas se limitan a recibir recados. Las cosas se complican cuando los llamadores insisten en hablar directamente con la adorable matriarca. En esos casos, lo primero que Leandro debe hacer es vociferar a todo pulmón para hacerle saber que tiene una llamada.

ABUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE….!!!!
TELÉFONOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!


Leandro detesta gritarle a las personas de la tercera edad, pero no tiene alternativa. Después de probar con sonoras campanillas y modernos intercomunicadores, lo único que ha resultado efectivo es un buen grito a todo pulmón. Ese es el tipo de costumbres que le quedan a una señora que vivió toda su infancia en una pintoresca casona rodeada de gente y animales de todo tipo.

Eventualmente, la nonagenaria atiende y Leandro puede desentenderse del asunto.

Pero a veces la señora está ocupada con alguna faena en una recóndita esquina de la casa, por lo que las andanadas de gritos no causan efecto. En esos casos Leandro se ve en la necesidad de llevarle el teléfono inalámbrico hasta el lugar donde ella esté.

La abuela recibe el aparato con evidente incomodidad, pues únicamente está a gusto con los teléfonos tradicionales. Su preferencia es perfectamente comprensible. A tan avanzadas edades un teléfono inalámbrico tiende a parecerse demasiado a un control remoto, por lo que ella trata de evitar el riesgo de que la próxima vez que conteste una llamada, apague el televisor.

4 comentarios:

Regislinda dijo...

Amigo mío, en verdad tenés una abuelita!!!! esas cosas son graciosas hasta que seamos nosotros los que confundamos el control remoto con el teléfono. ¿Qué confusiones tecnológicas tendremos nosotros cuando seamos nonagenarios? aaahhhh ¿de qué se burlarán nuestros Leandros?...

Jules Valley G.D: ;) dijo...

Leandro va a tener que aprender a ser mas educado. Nunca debe gritarle a la abue (peor desde otro nivel de la casa) y aceptar ser el útil recepcionista telefónico.

Juan Jose dijo...

Cualquier parecido con personas o situciones de la vida real es mera coincidencia. Verdad, Leandro?

Leandro Bracamonte dijo...

Compadre, vaya que te conté las cosas en confidencia...! Lo bueno es que no hay peligro que la señora en cuestión vaya a enterarse, a menos que ella esté chateando detrás de mis espaldas. En tal caso, estás perdido.

Por si no los han leído:

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