martes, 23 de febrero de 2010

Odiosas revelaciones

(Foto: Image Source)

La anciana tía era considerada por todos como una señora adorable y encantadora, hasta que un día reveló tener un lado monstruoso y desalmado. Uno de sus parientes llegó a contarle que iba por la mitad de una novela, la cual que ella ya había leído. La viejecita se volteó y le dijo: “¿Mijito, y ya llegaste a la parte donde lo ahorcan?”

En toda sociedad hay gente desalmada. Pero los cuentafinales son los peores de todos. Parece injusto que ofensas menores como el homicidio y el robo a mano armada son castigadas con cárcel, mientras que el contar finales ni siquiera es considerado un delito. Otra seña más de que nuestro Código Penal necesita una urgente revisión.

Contar el final de una novela, cuento, programa de televisión o película raya entre lo más cruel e inhumano que hay. Según los parámetros internacionales, contar finales puede ser calificado como una forma tortura. Que mejor ejemplo de “un acto realizado intencionalmente por el cual se inflijen a una persona penas o sufrimientos físicos o mentales”?

Las experiencias de entretenimiento funcionan debido a un pacto no escrito entre todos los miembros de la sociedad, donde ninguno le cuenta los finales a nadie, para que todos tengamos la oportunidad de disfrutar igualmente. Pero los cuentafinales toman ese sagrado convenio y lo arrojan a la basura, en un acto de caótico desdén por todo lo que es sagrado.

Las reacciones a los cuentafinales varían. Hay personas muy sensibles y que reaccionan furiosamente, arrojando el libro, apagando la tele o saliendo del cine en medio de una nube de insultos dirigidos al cuentafinales. Ese tipo de personas se niega a seguir con la historia, pues consideran la experiencia totalmente arruinada. También está el otro grupo, en los cuales me incluyo, de los que ignoramos al cuentafinales y seguimos digiriendo el contenido. No sé por que lo harán otros, pero yo lo hago porque existen casos donde la narración del final es falsa, lo que significa que la experiencia sigue intacta. Eso lo sé, porque yo mismo he dicho finales ficticios para tomarle el pelo a la gente.

Pero como estoy consciente de la gravedad de la ofensa, por lo general hago lo posible por preservar la experiencia de entretenimiento ajena. A menos que me lo pidan, nunca cuento un final. Aunque a veces, cuento los finales sin querer. Cuando veo películas o veo programas en la televisión, no puedo evitar pensar en el posible desenlace. A veces no puedo evitar decir entre dientes “¡Ese es el asesino!”, y muchas veces tengo razón, causando la cólera de quienquiera que me acompañe. Pero no es mi culpa. Es de Hollywood, que produce historias tan predecibles.

2 comentarios:

Lucy dijo...

Todavía recuerdo al bobo que me contó el final de Se7ven... ay me da una cólera cuando me acuerdo!!

güichita dijo...

yo también cuento finales!!! jajaja pero es involuntario, simplemente lo digo y ya.
Abrazo

Por si no los han leído:

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